La Trinchera Infinita (2019)

La Trinchera Infinita es una película española de 2019 dirigida por Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga, inspirada en la vida de Manuel Cortés quien, como muchos denominados "topos republicanos" tuvo que vivir escondido durante décadas mientras duró la Dictadura Franquista española.

El filme dramático está protagonizado por Antonio de la Torre y Belén Cuesta, los cuales nos permiten ver la historia de Higinio, quién al estallar la Guerra Civil española tiene que esconderse en un zulo de su casa para evitar ser fusilado. Ahí permanecerá encerrado treinta años con prácticamente la única compañía de su mujer Rosa y el miedo a que los vecinos o cuerpos de seguridad le delaten.

Llevo a cabo la siguiente crítica con motivo de las quince nominaciones a los Goya, dos de ellas con galardón; al mejor sonido y a la mejor actriz para Belén Cuesta. Y por el ejercicio personal que supone ver una historia con esta temática. En estos días de confinamiento muchas veces nos quejamos de no poder salir de casa, pero deberíamos echar la vista no tan atrás para ver que hay motivos de encierro por los que sí que tendríamos verdaderas razones para lamentarnos.

Al iniciar la película nos situaremos en la Andalucía de 1936, pero acabaremos 30 años después, donde veremos la evolución física y psicológica de una familia humilde acechada por el franquismo.

En primer lugar, atendiendo a los aspectos formales, destacan los fundidos negros que aparecen a lo largo de la película con la definición de palabras como encerrar, aliado, década o cambiar. Esos cortes te ponen la piel de gallina y te hacen reflexionar, para terminar con la definición de salir. Al principio de la película vemos mucha acción y tensión para ir disminuyendo progresivamente hacia encontrar la paz total en la última escena.

En las casi 2h y media los directores utilizan cortes y encontramos gran cantidad de planos. No suele haber muchos planos generales, pero los que hay aportan espectaculares imágenes, por ejemplo, lo vemos cuando intenta escapar con una panorámica del pueblo. Esta ausencia de amplias vistas generales quiere plasmar el encierro, que hay poco espacio y la sensación de agobio. También vemos planos desde su escondite, desde la mirada de Higinio, imágenes borrosas y cortadas entre la junta de la puerta o a través de un agujero en el suelo. Así como el empleo de la cámara de mano en las persecuciones que incluso llega a aturdir.

Tonos fríos, con sombras y mucha oscuridad cubren esta historia, únicamente vemos claridad en la primera escena cuando está intentando huir y al final cuando sale de su encierro.

Por otro lado, vemos una buena interpretación de los actores, pero considero que el acento andaluz es muy forzado, no me parece del todo convincente. En los personajes principales destaca su caracterización y deterioro a lo largo de la película, no es tarea sencilla plasmar la evolución de 33 años, pero considero que lo han superado con creces. El pelo ha crecido y se ha teñido de blanco, aparecen arrugas en el rostro y el cuerpo delgado de Higinio ha quedado atrás, al igual que su vista, vemos como al final de la película tiene que usar gafas para coser.

Nuestro protagonista intenta estar constantemente informado, leer el periódico, escuchar la radio, tachar los días en el calendario, analizar con lupa las fotografías de su familia en el exterior.... quizás para no enfermar y volverse loco. Como espectador crees constantemente que va a perder la cordura.

Para la familia tampoco es sencillo, Rosa sigue trabajando, quiere continuar su vida, ser madre, quiere salir y ver la playa, pero todo esto se ve truncado, e incluso sufre torturas. Toda la familia soporta un encierro al vivir en una mentira y un miedo constante.

Termina con un impactante plano donde se ve a Higinio, ya libre, a través de la ventana de su vecino, quien habrá estado creyendo todo el tiempo que seguía vivo, de una manera incluso enfermiza. Hecho que también plasma la esencia del pueblo, donde se conocen los unos a los otros y se sabe todo.

Una película que incluye drama, emoción, historia y mucha realidad. Plasma a la perfección las entrañas de la guerra civil, aquella guerra quizás no tan entre hermanos, al no ser los bandos igual de poderosos. Donde sí que hubo vencedores y vencidos, pero especialmente víctimas inocentes; viudas, huérfanos, campos y pueblos arrasados, cementerios que se llenaban y alguna cuneta que también. 

© 2021 Nerea Altaba. Cantavieja 
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